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Jul
16

Uno no debería arrancarse a la gente de sus vidas

No debería arrancarse a la gente de su tierra o país,
no a la fuerza.
La gente queda dolorida,
la tierra queda dolorida

Juan Gelman

Uno no debería arrancarse a la gente de sus vidas
digo arráncarselas como maleza, como yuyo, como alimaña
Uno no debería arrancarse a la gente como costras
que arden, que pican, que ensucian, que duelen, que avergüenzan
Uno no debería deshacerse de todas esas voces
que nos nombraron de esa manera única
porque se corre el riesgo de deshacernos,desnombrarnos
caer innominados por ahí, despielados.

Uno no debería arrancarse a algunas personas de su vida
porque eso sangra de ambos lados
hace hemorragia de tristeza
domingo de sol, vestido floreado, limpio pero sin poder
sin poder decirle nada a nadie…

Uno no debería arrancarse algunos nombres propios
sin naufragar en una lágrima
sin quedarse puro barquito de papel en blanco

Mar
26

Para Alejandro

En el día de su cumple

2002 fue un año de mierda. El VIH se llevó a mi hermano; la crisis argentina trasterró a algunos de mis seres más queridos y a Ale y a Lucy se les frustró la posibilidad de ser papás por segunda vez.

Todo eso sucedió en agosto. Y, para colmo, todos estábamos solos entre nosotros mismos en ese agosto de 2002. Ya sea por torpeza o por la vida misma, estábamos partidos y repartidos.

Yo a Alejandro Marticorena lo conozco desde 1988, cuando soñábamos con ser periodistas para contar al mundo antes de que el mundo nos haga el cuento a nosotros. Creo que algo hablé aquí de eso.

Con él comparti lo que fue mi primera nota de investigación: una crónica del asesinato de dos jóvenes militantes cristianos de base en San Francisco Solano, provincia de Buenos Aires. Se llamaban Javier Sotelo y Agustín Ramírez, creo que nunca me voy a olvidar de esos nombres. La cobertura la hicimos para la revista “Epitafio Ex-Cultural”, creada por Eduardo Sívori. Ahí también estaba Fabiana Solari, Carlos Rodríguez Esperón, Miguel Angel Ceriani, Blanca Lowenstein y tantos otros nombres que me debo estar olvidando.

Recuerdo que nos reuníamos en el bar de Liberarte, una suerte de refugio cultural que le había nacido a la avenida Corrientes al 1500. El bar lo regenteaba Carlos Cuenca (admito que tuve que recurrir al Google para recordar su apellido) integrante del mítico Makumagüela, una banda que mezclaba salsa con ritmos afrocubanos. Carlitos, dejo constancia, no ejercía, al menos con nosotros, derechos de admisión ni consumisiones mínimas. Liberarte era entonces ese refugio donde encontrarnos a cualquier hora.

Tiempo después y en ese mismo lugar hicimos con Alejandro nuestra serie de reportajes públicos a los que llamamos, en un alarde de creatividad e inspiración, “Polémica en el café”. Ayer, a propósito del aniversario de la nefasta dictadura militar recordaba en Twitter cuando convocamos allí nada menos que a Ubaldo Matildo Fillol para que nos contara su experiencia de arquero de la selección argentina de fútbol en 1978. Cierta intelectualidad del Partido Comunista nos miraba medio raro pero nosotros queríamos saber si se escuchaban los gritos de los torturados de la ESMA desde la cancha de River Plate.

Algunos años después de esos reportajes, no muchos por cierto, armamos con Alejandro el programa de radio “Nuestra gente” que se emitió semanalmente por Radio Municipal, por ese entonces aún en la frecuencia que hoy ocupa la Diez.

Ese programa tiene algunos de los más lindos recuerdos de mi laburo como periodista. Por ejemplo, las investigaciones que hacíamos con Alejandro para armar las historias de vida de nuestros invitados y “sorprenderlos” con testimonios de personas que, tal vez, hacía mucho tiempo que no veían. También  porque tuvimos el lujo de traerlo a la radio a ese músico tan talentoso, tan bella persona y tan putamente muerto por el cáncer como fue Lalo de los Santos (del cual hoy se cumplen nueve años de su fallecimiento). Él nos aportó su increíble memoria futbolera en el programa y su interminable bagaje de anécdotas en los cafés que luego del programa nos tomábamos en “La Paz”, un lugar al que esta historia va a volver en un par de párrafos nomás…

Pero el lado oscuro de ese programa fue que me terminó distanciando con Alejandro. Y ahí yo asumo la responsabilidad de estar viviendo la vida en un off side permanente.

Por eso es que aquel agosto de 2003 nos encontró lejos el uno del otro. Yo no le pude contar que perdía a mi hermano y él no pudo contarme que perdía la posibilidad de tener otro hijo.

Pero ¿saben? hoy estoy convencido de que la vida nos hace gestos, señas, como si estuviera jugando al truco con nosotros. Señas que debemos aprender a leer a medida que vamos creciendo.

Por eso es que creo que no fue casualidad que con el Ale nos volvimos a encontrar en “La Paz” un par de años después. Nunca me voy a olvidar que cuando llegó, él se sentó y me dijo “como decíamos ayer”.

Y ahí comenzó otra etapa de este vínculo que nos une. Un vínculo que, no por casualidad, recuperamos luego de aquel agosto de mierda en que la muerte me arrancó a mi hermano pero que la vida me tiró la seña del as de espadas para darme otro: el Ale, el Mono, mi hermano.

Sep
12

Tirando

En base a un diálogo escuchado al pasar

- Fierro. Porque al revolver se le dice fierro ¿sabías mamá?

Al pibe, las palabras le salen a borbotones mientras bailotea alrededor de la madre que tira de un carro con una inmensa saca más grande que ellos dos juntos.

- Entonces, le dice… che, gato, mirá que estoy enfierrado… y lo que le quiere decir es que tiene el revolver.

No logro escuchar si la madre le dice “claro” o “ajá”, pero lo cierto es que sigue tirando del carro en esa mañana de sábado, bajo un sol de primavera, en Wilde, sur del Gran Buenos Aires.

- Y ahí nomás pela… o sea, saca el fierro y pum, pum, pum tira a la bocha…

Y el correteo del pibe se va haciendo baile con un ritmo que se le gatilla adentro. Mientras su madre sigue tirando del carro.

- Tirando la bocha / cuidao que te quemo / que yo no soy un gil… Como papá ¿te acordás cuando papá hacía quilombo?

- Si -le responde la madre bajo ese sol que cae sobre el asfalto cuarteado de la calle de Wilde. Mientras, sigue tirando del carro…

- Papá se la rebancaba ¿no es cierto, mamá? Sacaba el fierro y empezaba pum, pum, pum…

De golpe el pibe se queda callado. Como si hubiese visto algo inesperado, nuevo, un billete de cien pesos en el piso. Detiene entonces su bailoteo y pregunta…

- ¿Mamá?

La madre también se detiene. Baja la manija del carro y aprovecha para descansar…

- ¿Qué hijo?

- No, nada, nada… una boludez -dice el pibe y retoma el bailoteo- Papá era un capo tirando ¿no es cierto, vieja?

Pero no logro escuchar la respuesta de la mujer que sigue tirando del carro.

Imagen tomada de este sitio web

Apr
24

Solos y solas

Hay personas a las que la soledad las resquebraja. Y hay personas a las que vivir con alguien las agrieta, y entonces crujen y hasta, quizás, se desmoronen.  Lo que fuere, en ambos casos, esas existencias se van transformando en vidas percudidas.

En las mujeres, por ejemplo, las raíces crecidas del pelo teñido se transforman en metáfora del desarraigo. Ese desarraigo del deseo de ser visto, de ser deseado, del ya fue…

La ropa usada hasta el cansancio es, con seguridad, una alarma encendida…

El gesto atrapado en la costumbre; la costumbre atrapada en la arruga; la arruga que es la gramática de la dejadez; la dejadez que es sinónimo del más cagón de los suicidios, ese suicidio sin gas ni balas, sin muerte al contado pero sí a cuentagotas…

Sólo los ojos permanecen ilesos. Porque los ojos no engordan ni se arrugan. Pero sí se ajan. Se abrillantan como telas demasiado usadas.

La lengua tampoco se arruga y engorda. Pero sí puede convertirse en un trapo viejo. Bandera al viento que hiere al vacío.

La lengua del que está solo es la sed y no el desierto.

Apr
15

Chiquito

A Diego
¿No ves,
que ya no somos chiquitos …?
Yo sé que ya no sos tan chiquito
que las horas, los relojes y hasta los almanaques
te apabullan
y que la vida se parece y se te aparece
como una gigante escalera mecánica
de la que no te podés bajar
ni apretar el botón
para que pare
como cuando eras chiquito.
¿No ves,
que este cielo quebró…
y el concierto del aire…
escapó con tu piel …?
Yo sé que no sos tan chiquito
y por eso
de vez en cuando,
más de lo que quisieras, es verdad,
sentís que tu tiempo es
esa rica torta de cumpleaños
de la cual todos quiere un pedacito
hasta yo mismo…
¿No ves,
que ya no somos chiquitos …?
¿No ves,
que ya no estamos solitos …?
Quizás por eso, mi chiquito no tan chiquito
hoy quiero decirte, simplemente, viví
viví a pesar de mi obsesión, a pesar de mi instinto
de sobreprotección
Viví aprendiendo que que vivir es amar
y que amar es cuidar
y que cuidar es proteger
¿No ves,
que la luna nos habla …?
No ves,
que el desierto se abrió…
y una flor desolada…
de su vientre brotó …?
Viví sin sombras
como quien no tiene miedo de encender
los fósforos de la risa
como quien se anima
a payasear en un colectivo lleno
como quien es capaz de todo, pero de todo, por amar.
¿No ves,
que ya no somos chiquitos …?
¿No ves,
que ya no somos solitos …?
¿No ves,
que el desierto nos abre …?
¿No ves,
que el silencio es errante …?
¿No ves,
que este cielo quebró…
y el concierto del aire…
escapó con tu piel …?
Viví hasta llorar de la risa
y llorá todo lo que sea necesario
llorá como baldeándote el alma
limpiá la malaria con el llanto
llorá hasta poder reir
sin herir ni herirte
de ese llanto…
Yo sé que no sos tan chiquito
y comparto estas palabras
porque te quiero tanto, tanto…

 

Las referencias pertenecen a la canción de Luis Alberto Spinetta, ¿No ves que ya no somos chiquitos?>

Mar
14

Los trapecistas no deben enamorarse cuando están en el aire

Los trapecistas no deben enamorarse cuando están en el aire. Él había aprendido esa especie de ley de circo casi con los primeros saltos. Pero esa tarde, cuando estaba por dar la última y más difícil prueba de su función, sintió un cosquilleo en el estómago.

Los trapecistas no deben enamorarse cuando están en el aire porque, según dicen, les pueden suceder dos cosas: caerse o que ese amor sea para siempre. Y los trapecistas, que son valientes pero que también tienen miedo porque son humanos, muchas veces prefieren no arriesgar una caída que le puede costar la vida por encontrar su amor para siempre.

Tal vez porque estaba cansado de ver tantos amores a ras del suelo es que él esa tarde no quiso pero tampoco pudo evitarlo. Fue en los segundos en que cerró los ojos para concentrarse, que la imagen de ella se le hizo luz en la oscuridad de esa carpa remendada. Más luz que el raído reflector que lo enfocaba. Fue recuperar en la memoria su voz que se impuso al gastado redoblante que mellaba el silencio expectante del público. Fue todo ello lo que lo impulsó a volar como nunca antes lo había hecho.

Volar con los ojos cerrados y el tiempo corriendo con furia hacia atrás. Reviviendo almanaques que parecían haberse borroneado del todo. Pero no. Él lo supo cuando, ahí en el aire, miró un puntito de luz a lo lejos, quizás la luz de una estrella colándose por el agujero de la carpa, y se dio cuenta que allí estaba ella. Y estiró sus manos lo más que pudo para acariciarla, para tomarse de sus manos, para volar juntos…

Volvió a cerrar los ojos y se dio cuenta que ése era su último salto. Que ese vacío que abría su gran boca bajo suyo ya se relamía con su cuerpo, con su caída, con su probable fin como trapecista. En ese instante, porque hablamos de segundos, se sintió más liviano. Y hasta pudo pensar que ya había empezado a morirse. Que la sucia arena lo había recibido con la violencia de una trompada en el alma.

Los trapecistas no deben enamorarse cuando están en el aire, dice la ley de circo. Porque pueden caer y matarse o encontrar el amor para siempre. Y él no tuvo tiempo para volverlo a pensar. Se abrió a ese amor en pleno salto cuando se dio cuenta que el cansancio le había hecho crecer pelusa entre los dedos. Esos mismos dedos que apenas, por centésimas de segundo pudieron asirse de la mano de su compañero y llegar al otro lado del trapecio.

Cuando bajó, apenas saludó a la gente que los aplaudía y ya no salió con toda la troupe a recibir la ovación siempre exagerada del piberío al final de la función. Estaba en su camarín juntando sus cosas, guardándolas en un bolso gigantesco. Lloraba cada rincón de ese circo al que conocía de memoria. Lloraba porque se iba de allí para empezar a volver a otros lugares.

“Y es que el futuro se hace así”, apenas escuchó que le dijo uno de los payasos.

Los trapecistas no deben enamorarse cuando están en el aire. Pero cuando lo hacen y encuentran el amor para siempre, no pueden ni quieren hacer otra cosa que salir a buscarlo para construir ese vuelo que le da sentido a la vida.

Nov
18

Palabras rotas

Norberto, por ese entonces tendría unos nueve años y nunca entendí por qué su madre le había regalado aquella máquina de escribir. Casi seguro que para ella sólo había sido uno más de esos desmesurados regalos con los que buscaba adornar la soledad de ese único hijo que había tenido con aquel hombre que nunca lo iba a reconocer. Pero en ese momento no podía pensar nada de eso porque yo ya bordeaba los doce años y una máquina de escribir era lo que más quería en el mundo.

Por eso aquello me revolucionó la vida. Tipeando algunas palabras me sentía ya como el periodista que veía dibujado en la Enciclopedia Estudiantil. Tan sólo por eso valía la pena soportar los caprichos de chico rico de Norberto.

Me acuerdo que le proponía que jugáramos a hacer un diario. Pero él quería ser el comisario que me tomaba declaración. Él vivía en el cuarto “B” y yo en la Portería. Su madre era propietaria de ese amplio departamento mientras que mi padre era el encargado del edificio.

Y habrá sido por todo eso que yo no le podía decir nada a Norberto cuando se cansaba –y se cansaba rápido- le pegaba puñetazos a la máquina con la que nunca escribiría nada. Puñetazos que a mí me provocaban ese dolor duro que forma costras. Tal vez porque en aquellos días yo ya vivía mi fin de infancia.

Fue también por aquel tiempo en que empecé a ayudarlo a mi padre a juntar los residuos del edificio. Algo que convertí en un nuevo juego imaginándome al ascensor como un camión que paraba en cada piso. Y fue en una de esas tardes de juntar basura en que encontré un cartón gastado que simulaba ser un teclado de máquina de escribir. Cuando se lo mostré a mi hermano me dijo que eso lo usaban para practicar los estudiantes de dactilografía.

Con aquellas teclas de cartón escribí mis primeras crónicas. Las que no podía leer nadie salvo que yo se las leyera en voz alta.

Un par de meses después, mi padre comenzó a hacer limpieza de oficinas por la noche y yo obtuve, a cambio de limpiar los baños, la posibilidad de escribir en máquinas de verdad.

Con tantas ocupaciones me fui olvidando de Norberto. Aunque mi padre me sugería siempre que vaya a jugar con él a su departamento. Pero, como yo no iba, una tarde él subió la escalera de servicio y llegó hasta la Portería para invitarme a jugar.

– Dale, jugamos a lo que vos quieras –me dijo.

– ¿A qué hacíamos un diario también?

Y él dijo que sí. Pero se volvió a cansar rápido del juego. Y fue peor que otras veces. Sus puñetazos sobre la máquina fueron terribles. Aquella fue la primera vez que pude gritarle. Pero no me hizo caso y se rió con unas carcajada punzante que más le dolió a él que a mi.

– Tomá, te la regalo -me dijo y levantó la máquina de escribir a la cual ya la cinta negra y roja se le salía de adentro como si fuera sangre — Tomá, ya que la querés tanto… - y yo, sin poder creer lo que me decía me acerqué para tomarla. Cuando estaba apunto de hacerlo Norberto la estrelló contra el piso y volvió a reirse con esa carcajada de animal. La máquina se destrozó y yo salí corriendo. Tras de mí seguía escuchando las terribles risotadas y los ruidos de vasos, platos, juguetes rompiéndose.

Fue la última tarde de Norberto en el edificio. Su madre se lo llevó y nunca más lo vi ni supe de él hasta hace poco en que lo encontré trabajando en una biblioteca municipal. Me contó que su madre había muerto y que él había tenido que dejar el colegio privado porque ya no podía pagarlo. Vendió el departamento y un tío le consiguió ese empleo.

Me fui de aquella biblioteca con un regusto amargo. Sentía que el mismo pibe malcriado al que la madre le quiso comprar palabras como si fueran juguetes, hoy sobrevivía manteniendo el silencio para que otros puedan leerlas.

Nov
09

Prefiero, por Mendieta El Renegau

Este texto pertenece a Mendieta. Pero no al fiel perro del Inodoro Pereyra sino al Mendieta blogger y twittero. Lo descubrí chusmeando en internet, le pedí permiso y me lo traje para acá, porque me pareció de un palabreo impresionante, fresco, sintético y muy tierno. Ahí va…

Prefiero:

La Justicia a la Verdad
La verdad a la mentira
La mentira a la nada.

La realidad a la esperanza
La esperanza al desánimo
El desánimo a la resignación.

Los bombos sonando a las cacerolas sonando.
Las cacerolas cocinando a las cajas de alimentos
Las cajas de alimentos al hambre.

La alegría a la duda
La duda a la tristeza
La tristeza al cinismo.

Ganar que perder
Perder de a muchos que ganar solo
Empatar con los amigos.

El amor al odio
El odio a la injusticia
Y la injusticia a mi desidia.

La vida a la muerte
Y la muerte a la inmortalidad.

Las margaritas a los cactus
La Luna y el sol a las nubes
Y el horizonte bajotodo, sobretodo.

Tu sonrisa. Y la tuya. Y la mía también.
Un mar de sonrisas,
Y bañarnos ahí.

Publicación original

Nov
01

Un trato

No me gusta mucho Mario Benedetti. En realidad, como poeta me parece un buen letrista. Y no es porque sus versos sean malos pero es que hay tanto buen poeta en español que bueno, es difícil.

Pero, más por cuestiones personales que estéticas, el otro día escuché esta canción que musicalizó Joan Manuel Serrat y no pude más que emocionarme.

HAGAMOS UN TRATO

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo

Oct
18

La Bonaerense: guardapolvos blancos sobre carne viva

Un hombre pasa con un pan al hombro
como hablar del no yo sin dar un grito
César Vallejo

“La Bonaerense” es un blog creado por una docente que trabaja en zonas marginadas del Gran Buenos Aires. Una docente que, sin perder el sentido del humor ni su integridad anímica trabaja “para forjar un mundo mejor para nuestros alumnos y para la sociedad”. En pocas palabras, espera que su labor como maestra sea “una invitación para construir la paz”.

A medida que se va leyendo este blog se siente que duele, conmueve, emociona, moviliza, hace sangrar lágrimas.

En este blog un testimonio vale más que mil palabras y estar ahí, en el lugar de los hechos, haciendo lo que se tiene que hacer, vale más que todo.

Por medio del blog, la docente ha conseguido donaciones, excursiones para sus alumnos y otros recursos esenciales para el desarrollo de estos pibes, que andan desmadrados y que encuentran en la escuela un pedazo de territorio donde desplegar la patria de su infancia.

Porque si estos pibles no tuvieran la escuela se quedarían en casas donde la desesperación muerde hasta el último vestigio de coherencia; donde hay padres que no saben leer; donde hay chicos golpeados y hasta alguna piba que tuvo que presenciar como su hermana mayor se descerrajaba un tiro en la cabeza. Por supuesto, ella intentó hacerlo más tarde pero sin lograr su objetivo.

En definitiva, “La Bonaerense” es un blog caliente, escrito al toque, con historias que te dejan sin palabras y con certezas que te hacen pensar que todo lo que escribas a partir de ahora, no tiene sentido. Por eso es que no se puede hablar del no yo, que sería lo mismo que hablar de lo flogger o los personajes de televisión, sin dar un grito.

Y pensar que mi ignorancia fue tan grande que al desconocer este trabajo le sugerí a “La Bonaerense” en el Twitter que haga un blog contando sus peripecias como docente en áreas marginadas.

La Bonaerense

Fragmentos que pueden leerse en diversas entradas de “La Bonaerense”

mis alumnos (en la escuela) comen, juegan, pueden ser niños.

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Apenas entré al aula, Sandra me dijo que Brenda tenía algo muy, muy feo para contarme. Esperé al recreo y hablamos en un salón vacío. La noche anterior había intentado suicidarse.

Hace unos días, Brenda estaba en su casa con su hermana de 32 años, quien después de llorar un rato largo, tomó el arma de su papá y se disparó en la sien (delante de Brenda). Ella llamó a su mamá y juntas fueron al hospital. Todavía está en coma.

Anoche Brenda intentó hacer lo mismo que su hermana, por suerte su papá llegó y le quitó el arma tiempo. Cuando le pregunté la razón que la había llevado a eso me dijo: -Mi vida es muy triste seño, quiero irme con mis hermanitos.

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Entiendo que esas tierras tienen dueño, pero no puedo olvidar el hecho de que doscientas familias se van a quedar sin lugar para vivir.

Que se puede hacer con ese predio? Prefiero que sirva para todas esas familias que llegaron hace dos años porque no tenían otra solución, no me vengan con que “yo pago alquiler” porque seguro no querrían cambiar su hogar por una casilla a 5 metros del riachuelo.

No avalo la ocupación, pero la entiendo como ultima posibilidad de salir de la calle.

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Es por eso que les pido ideas para poder conseguir algo de dinero que ayude con los gastos, los chicos pueden pagar $5 pero no más. Tenemos poco tiempo!

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Estoy en una hora libre y la máquina es un desastre, prometo postear como es debido cuando esté en mi máquina.

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Gracias a todos por sus donaciones, ya juntamos $800! A a los que no les pasé mi CBU fue porque ya habíamos llegado a la suma y no necesitamos más, los chicos van a pagar una pequeña cantidad cada uno.

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Los viernes son días difíciles para mí, me levanto a las 5am, tengo seis grupos distintos (o sea que siempre voy cargadísima con material para todos) y tomo siete colectivos en total, ya a esa altura de la semana no tengo monedas y tengo que pelearme y rogar para conseguirlas.

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-¡Señooooooo! ¡Matías me pegó!

-¡Señoooo, ¡Camila me dijo paraguaya muerta de hambre!

-Señoooooo, ¿puedo borrar el pizarrón?

-Señoooooo, ¡escuchaaaaaaame señooooooooo, te estoy hablaaaaandooo! (tironeando de mi delantal)

Cuando sonó el timbre del recreo les dije que salieran sin formar y no los saludé a cada uno con un beso (como siempre hago).

Disgustada, me fui a la dirección a firmar y a organizar el tema del día del niño y cuando salí pasé por el patio y me encontré con el desastre mayor; todos mis alumnos estaban llorando.

Todavía me sorprende lo que podemos generar como docentes a estos chicos; hacerlos reirse a carcajadas o llorar sin consuelo.

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Y la verdad es que sí, fue mi secretaria todo el día y se sentó a mi lado, porque así lo necesité yo. Necesito esos besos y abrazos diarios, sus palabras y sus cartitas. No sé cómo haría si tuviese que trabajar en una oficina, aunque sé que si tuviera un trabajo más rentable, podría ayudarlos igual o mejor. Pero la verdad es que ellos me dan más a mí de lo que yo a ellos.