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Apr
23

Sin tu pri…

Otro sábado y vos no me cantás pri. Y sólo por eso, porque no tengo tu pri, me siento en la última fila de este momento sin vos, aún a sabiendas de que no voy a poder leer los subtítulos de esta tarde que me va a hablar en el idioma de tu ausencia. Que no lo entiendo ni tampoco lo quiero entender…

Llovizna. Y no puedo dejar que siga garuando dentro mío. Que este gris, que este desconcierto… Veo las frases que nos escribimos corriendo a guarecerse a cualquier parte. Se disparan de mí, empapadas…

Y mientras me cobijo bajo un techito cualquiera veo que la lluvia persiste y me dibuja charcos donde antes estuvo tu mirada. Graniza precisament en los lugares donde anidaron tus caricias. Mientras, la arena blanca de un reloj se esmera en ir convirtiéndote en un desierto.

No puedo dejar que siga lloviznando dentro mío. Ya lo sé. Pero no puedo hacer otra cosa sin tu pri

Mar
23

Me gustaría escribir como Laura Ramos

Me gustaría escribir como Laura Ramos en los tiempos de “Buenos Aires me mata”. En verdad, creo que Laura hizo el primer blog de la historia, sólo que lo tuvo que hacer en el papel diario de “Clarín” porque aun no existía Internet.

Hoy sería muy bueno que Laura hiciera un blog. Si alguno de ustedes se la cruza por ahí, háganle la sugerencia. En serio que sería muy bueno.

Me acuerdo que ella escribía en segunda persona. Por ejemplo: “¿Saben que tiene ella de buena chica? Nada”, arranca su crónica de Josi, una chica pura ambición a la que los años noventa le calzan como un vestido a medida.

Por aquellas “páginas garabateadas en las servilletas de bares y discotecas”, pasó el Chico Aguja con todas sus historias tristes.

Es que Laura Ramos fue, de alguna manera, nuestro Dickens de los 80 y un dique donde se acumulaban las aguas turbulentas de aquellos tiempos.

Por eso no es casual que empiece una de sus crónicas preguntándonos: “¿Querían una historia de Navidad? Aquí va. Pero les advierto que bien podrían hacer cualquier cosa para calentar su alma antes que leerla. Es más triste que el diablo”.

Y tiene razón. Porque el terror en la Argentina no pasó por las historias de aparecidos sino todo lo contrario, por la historia de los desaparecidos. Desaparecidos como los padres del pibe de esta historia.

“Les estoy contando historias. Créanme”, cita Ramos directamente a Jeannette Witerson, en las primeras páginas de su libro.

Ramos, es hija de uno de los más grandes de la política argentina, Jorge Abelardo “El Colorado” Ramos, a quien le dedicó estas palabras. Algo así como un autorretrato literario.

Por lo que insisto que, definitivamente, me gustaría escribir como Laura Ramos en “Buenos Aires me mata”. Historias como las que ella escribió con la tinta aún tibia de lo que pasó recién. Historias con personajes como González, ese chico que “vive en un edificio a medio derruir en la calle México” y que a “sus diecisite años vio unas cuantas películas de la vida real”.

Y es que Laura tenía ojos de película porque con ellos hacía ese film continuo de una generación que se iba acomodando a un mundo y a una historia que jamás la habían tenido en cuenta.

Este texto fue escrito en 2006 y publicado en El Oso Chento, mi primer blog.

Jul
04

Retratos de familia

fotos familiares

Siempre me atrajeron las fotos familiares. Así como también las historias de gente anónima. Creo que el mecanismo de la vida se construye con esos rostros comunes, posando en circunstancias especiales o en instantáneas al paso.

Con las nuevas tecnologías las imágenes familiares se han incrementado. Ya no hace falta ni ocasiones especiales ni demasiadas poses. Hoy las imágenes familiares inundan los correos electrónicos y, estimo, deben ser los archivos adjuntos más envíados.

Todo esto viene a que yendo de acá para allá en la red me encontré con este sitio, donde puede verse un buen número de fotos familiares de la era analógica. De la época del rollo, la película y los revelados.

A propósito ¿alguien se acuerda del cubo de flash que se usaba con la Kodak Fiesta?

Para ver más imágenes

Jun
22

Vuelve el Rasti

Rasti

Minipost

Jun
17

Caballero Rojo

Se llamaba Humberto Reynoso pero hasta ahora muchos no lo sabíamos. Para nosotros fue y seguirá siendo “El Caballero Rojo”. Es decir, aquel enmascarado de la troupe de luchadores de “Titanes en el ring”. Un programa que recuedo haber visto con la inocencia intacta.Humberto Reynoso falleció el viernes pasado a las cinco de la madrugada. Y en su honor, todos los negocios de San Pedro, lugar de donde era oriundo, ese día no levantaron sus persianas.
Es la misma gente sanpedrina que durante años guardó el secreto de la identidad verdadera de “El Caballero Rojo”.

Los mismos sanpedrinos que despidieron a su hidalgo vecino con una lluvia de innumerables claveles rojos.

Y también los mismos vecinos que guardaron un celoso secreto sobre la identidad de quién era aquel mítico paladín de la justicia.

“Fue un ejemplo de vida para todos acá. El personaje era como él: amable, caballero, auténtico y leal. Siempre lo venían a buscar para entrevistarlo y él se emocionaba por el amor y el recuerdo de la gente”, señaló Adela de Jesús de Reynoso, su compañera hasta el final.

Fue a ella a quien le dijo: “Abrazame. Hoy estás más linda que nunca”, últimas palabras de ese caballero que, ya sin la máscara roja, cerraría sus ojos para siempre. Tenía 72 años.

Era uno de los “buenos” de la troupe de Martín Karadagián. Acá lo recordamos en un video donde combate con otro personaje “bueno”: Ulises, el griego. Vean el video, porque lo pinta de cuerpo y alma.

ACTUALIZACIÓN

Copio una carta de lectores aparecida el 26 de junio en el diario Clarín, envíada por José Papparelli

Adiós al “Caballero Rojo”

El jueves 14, en San Pedro, falleció Babi Reynoso, más conocido como “El Caballero Rojo”, aquel luchador de Titanes en el Ring. “El Baby” hizo felices a millones de niños que alguna
vez jugaron a ser él. Y nos regaló también la ilusión de no perder la infancia.

Sin su máscara, “El Babi” fue una persona entrañable, de corazón generoso. Hombre sufrido y luchador incansable. Gracias, Caballero Rojo, por hacernos felices. Tenés un lugar en el Cielo, en el lugar reservado a los guerreros de la vida. Descanse usted, Caballero.

Hasta siempre, Babi.
José Papparelli
papparelli@yahoo.com