Otro sábado y vos no me cantás pri. Y sólo por eso, porque no tengo tu pri, me siento en la última fila de este momento sin vos, aún a sabiendas de que no voy a poder leer los subtítulos de esta tarde que me va a hablar en el idioma de tu ausencia. Que no lo entiendo ni tampoco lo quiero entender…
Llovizna. Y no puedo dejar que siga garuando dentro mío. Que este gris, que este desconcierto… Veo las frases que nos escribimos corriendo a guarecerse a cualquier parte. Se disparan de mí, empapadas…
Y mientras me cobijo bajo un techito cualquiera veo que la lluvia persiste y me dibuja charcos donde antes estuvo tu mirada. Graniza precisament en los lugares donde anidaron tus caricias. Mientras, la arena blanca de un reloj se esmera en ir convirtiéndote en un desierto.
No puedo dejar que siga lloviznando dentro mío. Ya lo sé. Pero no puedo hacer otra cosa sin tu pri…
Versión original de la carta que publica hoy el diario “La Nación”, firmada por Ana Valentina Benjamin, periodista y escritora nacida en la Argentina pero de nacionalidad alemana, sobrina nieta del filósofo y traductor Walter Benjamin. Haciendo click en su nombre pueden acceder a un relato de su autoría que me estremeció: “El país de los sin tumba”.
Si realmente importaran los niños
Mucha vergüenza ajena sentí cuando apareció David Beckam reclamando en los Medios la aparición de la niña inglesa Madeleine o su caso en la web del Vaticano. Y más vergüenza ajena experimenté cuando se supo que los padres de la bonita criatura habían recaudado un millón y medio de euros. No es necesario saber si son culpables de algo o dolidos deudos; es suficientemente penosa la certeza de que ciertas campañas, ciertos famosos y ciertos donantes son de dudosa sensibilidad. Me pregunto cuántos miles de niños sudamericanos, africanos o asiáticos que desaparecen a diario por hambre y enfermedades de todo calibre, podrían comer con la recaudación de la niña europea o si los famosetes de turno se movilizaran aunque más no sea solo una vez en sus autografiadas vidas. No es una apreciación política sino del corazón; no soy de izquierda ni de derecha; soy una torcida indignada, si quereis conocer mi inclinación. Saludos, Ana Valentina Benjamin. Gerona, España.
Así publicó esta carta “La Nación”
Estoy desolada. Lo único que me consuela es que murió tranquila y suavemente. No murió. Nadie muere mientras se lo recuerde. ¿Qué estará viendo detrás del vidrio oscuro?
Realmente, estoy muy triste. Todavía estábamos en la facultad y comenzando con el periodismo, cuando nos tropezamos con la hondura de su pensamiento en la pantalla del cine.
Y nos acostumbramos a interpretarlo más allá de sus propias ideas, a recrear sus imágenes, a formarle una heráldica tan argentina como particular. Nos aceptaba. Sin comentarios. Concentrado.
Tal vez…
Bergman nos introdujo en los abismos y nos obligó a jugar al ajedrez con la muerte: la juventud nos permitía esos desafíos.
Ahora se durmió.
Nos dejó el enigma.
El hábito de que la vida más anónima, desde Suecia a Buenos Aires, es algo más que un plato de comida (gracias, Eladia).
Nos dejó casi cuando huye el día.
Sin piedad. Sin anuncios. Sin certezas.
Discípulos de aquel hijo de predicador sueco que, con las mejores intenciones, abrió la mente de una generación inquieta, algo ingenua, buceadora, diletante, a miles de kilómetros de su isla interna, hoy lloramos su muerte como lo haría cualquiera de sus personajes.
A solas.
A los gritos.
Sin consuelo.
Noemí Carrizo
PUBLICACIÓN ORIGINAL
ACTUALIZACIÓN: Ésta es la versión original con el título que Noemí Carrizo envió a Clarín. Me la hizo llegar a través de un mail de respuesta al que le envié para avisarle que había incluido su texto en este blog.
Soy padre de un alumno de tercer grado del colegio Mariano Acosta y percibo con estupor que la caída de un techo provocó el surgimiento de un nuevo género literario: la “casi tragedia”. A diferencia de la tragedia clásica, en la que un personaje se encuentra con su destino en un momento único y aterrador, la “casi tragedia” no conoce desenlace y permanece como una amenaza.Los numerosos cultores del nuevo género, entre los que se encuentra la mayoría de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad, discurren así: “Por suerte, o por milagro, no había nadie bajo el techo”.
Tienen razón. Pero se olvidan de que la “casi tragedia”, insidiosa, sigue sucediendo. En Buenos Aires, vivimos en un estado permanente de “casi tragedia” y cuando la suerte no nos acompaña o el milagro no se produce, como en Cromañón, la Tragedia, con mayúsculas, efectivamente, sucede.
Juan Carlos Savariano
juansavariano@yahoo.com.ar
NOTA: Otra casi tragedia escolar sucedió en Salta cuando dos estudiantes, de 12 y 14 años, debieron ser hospitalizadas tras desplomarse parte del techo del aula en donde presenciaban una clase.
Ver INFOBAE
Las imágenes que acompañan este post corresponden a la movilización que la comunidad educativa de la escuela Mariano Acosta realizó ayer, 26 de junio, en donde se efectuó un abrazo simbólico al edificio escolar y luego se marchó hacia la sede del Ministerio de Educación de la Nación. Estas fotos fueron tomadas por los asistentes a esta movilización.
Cobertura de la movilización
Página 12


“Cartas de Lectores” ya es una sección clásica dentro del periodismo tradicional. Era, por otra parte, el único medio que tenía el público para dar su opinión, hacer una denuncia, reclamar o, simplemente, intentar el inicio de un diálogo, dentro de un medio pasivo de difusión.
Ustedes no se imaginan cuántas notas, cuánta producción periodística se inició a través de estos aportes voluntarios de la gente.
Por eso es que me parece válido comenzar a rescatar algunas de esas cartas que publican los diarios en el papel y que, en muchos casos, “esconden” en un sitio más o menos oculto en su versión en internet.
Empecé por una que me ayudó a actualizar el post del Caballero Rojo. Y ahora, en el próximo post, copio esta carta de Juan Carlos Savariano en la que hace referencia a lo que está sucediendo en el Colegio Mariano Acosta, de la ciudad de Buenos Aires. Una institución de la que me siento cercano ya que mi hijo es alumno.