Buenos Aires, ciudad mamushka - Parte 7 de 7
Epílogo para mi Buenos Aires Mamushka

La imagen es de maxieamena
Quise contarte en estos siete posts algunas de las ciudades escondidas dentro de mi Buenos Aires mamushka.
Claro que me han quedado muchas ciudades sin mostrarte. Como la que dibujan los niños. Ésa es una ciudad de colores, con rayuelas que el tiempo va borroneando.
Es una ciudad de monigotes hecho con crayones y tizas; con risas cantarinas y recreos. Guardapolvos blancos y cacao con leche y vainillas.
Pero no toda esta ciudad es así. Porque la ciudad de los niños tiene los barrios más tristes de toda Buenos Aires. Los podés ver cerca de las estaciones ferroviarias. Lugares que se llaman Retiro, Once, Constitución. Barriadas oscuras, con pibes reventados del cemento de contacto que les hace aureolas alrededor de la nariz, semidormidos en plena calle como títeres vacíos con la infancia envenenada.
No pude contarte suficiente de la ciudad donde estalla la locura. La ciudad de los manicomios que se encuentra en Barracas, casi donde Buenos Aires se hace tobogán para finalmente caer en el Riachuelo.
Allí, dentro de los neuropsiquiátricos, la sociedad dice que están los locos solo para que los que no estamos allí vivamos convencidos de que somos cuerdos, como lo dijo ese arquitecto y locólogo que se llama Alfredo Moffat.
Desde allí, una vez, se escapó una chica locamente enamorada de un maquinista de ferrocarril. Tantas veces lo había acompañado en la locomotora que lo primero que hizo cuando se vio libre fue subirse a una de esas máquinas, arrancarla e irse hacia el sur a buscar a su amor.
Tampoco te conté de la ciudad subterránea. Una serie de túneles, vías y trenes que a poco de despertar el día comienzan a rodar en la panza de Buenos Aires.
Esa es una ciudad con dos galerías que pasan a metros de las raíces del Obelisco. Galerías donde podés encontrar ese tornillo que no conseguís en ninguna parte del mundo o fotos de Marilyn Monroe o Isabel Sarli.
A la ciudad subterránea descienden día a día miles y miles de hombres y mujeres que se desplazan bajo tierra, presos de una rutina de la que algunas veces sueñan con fugarse en barcos que no llegan porque simplemente nunca existieron.
Y hay otras ciudades más dentro de mi Buenos Aires mamushka. Ciudades que estén naciendo en este momento con el encuentro imprevisto de dos personas en una esquina o ciudades simples, hechas con el trabajo del día a día, como lo hacen los que enseñan, los que asfaltan, los que casan a los novios, los que entierran a los muertos, los que curan, los que calman, los que limpian, todos ellos hacen Buenos Aires y todas sus ciudades.
Hasta la próxima ciudad.



