Pánico al caniche en blanco

Podría contarles que ella
se jugó a una
cita a ciegas con el domingo
y esperaba.
Intuía su perfume entre la gente.
Era como de preguntas ensortijadas
que no llegaban a mi mesa.
Estaba lejos
en muchos sentidos.
Podría contarles que él
parecía bailar en la vereda,
entre las mesas…
Pero no,
estaba borracho
y cuando eso sucedía
no podía quedarse quieto
y su renguera
lo volvía aún más efervescente.
Podría contarles que es domingo.
Que mañana comienza el mundo.
De nuevo.
Y que no sé porqué el barrio está lleno
de caniches blancos.
Que el lunes despierta
los más oscuros deseos,
el mayor de ellos
quedarse dormidos mañana.
Pero tengo que contarles
que ella, la de la cita a ciegas con el domingo,
ahora toma un te tan sola
que hasta parece tener frío
a pesar de ese saquito
que hunde una y otra vez
en el agua caliente pero anónima.
Tengo que contarles también
que el mozo
echó al rengo bailarín de la vereda
porque manchaba al domingo
de sorpresa.
Pero lo que sí o sí tengo que contarles
es que no sé,
ni siquiera me imagino
porqué este barrio está tan lleno
de esos perros
justo cuando yo siento
hoy domingo
tanto pánico
al caniche en blanco.