Control remoto
El problema no es que veamos al país por televisión, sino que no nos demos cuenta de que no manejamos el control remoto. Y algo peor aún, que muchas veces ni sabemos quién nos pone las imágenes en ese aparato que usamos como ventana al mundo.
Las pantallas nos muestran hasta el más mínimo detalle la consecuencia más nimia de acciones políticas gigantes que, incluso exceden a los propios países. Por ello es que podemos ver en ellas, hasta el hartazgo, las imágenes calcadas de personas, tumultos, amontonamientos con encuadres y montajes dignos de otra gesta. Mientras, deja en la oscuridad reuniones internacionales donde se habla de lo que sí importa. Por ejemplo, de la nueva distribución del orden internacional.
No hace falta ser especialista para darse cuenta que los alimentos y el agua potable son dos de las preocupaciones mundiales de primer orden. Tampoco hace falta ser experto para saber que lo que hoy se llama “campo” es en verdad la consecuencia de planes económicos dictados por las potencias imperialistas de ayer y hoy. Gran Bretaña en su momento, con los rancios exponentes de la (de)Generación del 80; Estados Unidos luego, con los Martínez de Hoz de las sangrientas y asesinas dictaduras militares.
Es en esta redistribución donde los países centrales vuelven otra vez a condenar a nuestros países al campo. Pero esta vez no nos asignan sólo la función de “granero del mundo” con un esquema agrícola ganadero que ahoga a la industria. Parece ser que en esta oportunidad nos tocó poner la tierra para el cultivo de soja. Un producto rentable pero sólo hasta que la tierra aguante. Es decir, muy poco en términos relativos.
Pero también, parece que nos ha tocado en este reparto hacernos cargo de la producción de biodiésel o, para decirlo en forma más correcta, agrodiesel.
¿Hace falta hablar del “impacto ambiental y las consecuencias sociales de su previsible producción y comercialización masiva, especialmente en los países en vías de desarrollo o del Tercer Mundo”? Claro que hace falta.
¿Hace falta poner en las pantallas programas que hablen sobre “el impacto ambiental, el aumento de la deforestación de bosques nativos, la expansión indiscriminada de la frontera agrícola, el desplazamiento de cultivos alimentarios y ganadería, la destrucción del ecosistema y la biodiversidad y el desplazamiento de trabajadores rurales? Es obvio.
Pero, al menos por ahora, esos programas no se verán ni en horario central ni en horario periférico. Los que manejan el control remoto de las imágenes prefieren los programas donde se baila por un sueño, ya sea en un estudio de televisión o al costado de una ruta.
