Blanca, entre dos estaciones
Cambiar de hemisferio, celebrar el cumpleaños en la estación contraria a la que siempre lo fue, encender la estufa en diciembre y el ventilador en agosto son experiencias curiosas.
Llamar a las cosas con otro nombre mientras uno sigue hablando en castellano también.
Así comienza el primer post de BloweBlog, la flamante criaturita web de Blanca Lowenstein, una argentina que hace seis años emigró a España y allí sigue.
“Fotosíntesis” es el título de ese primer post y la foto en cuestión es la de la estación República Argentina del Metro de Madrid. Una metáfora intensa que, según Blanca, despierta comentarios como los de “Argentina tiene salida”.
En mi caso, tomo a la metáfora en forma más literal e imagino que para comprender a esa “República Argentina” que todo compatriota lleva consigo hay que internarse en las profundidades, en lo subterráneo. Porque esa Argentina va quedando soterrada, más imaginada que viva y más viva que el recuerdo o la nostalgia.
Y ensayo ese bajar por el tiempo, memoria adentro y la vuelvo a ver a Blanca, cuando la conocí, en Buenos Aires. En ese momento, la década del ‘80 agonizaba pero las bandas seguían tocando.
Los Redondos, Sumo, Soda le ponían música a ese final de década que nos iba a arrojar, sin miramientos, a los ‘90, años de neoliberalismo salvaje, privatizaciones e indultos.
En aquella Buenos Aires ser periodista era casi lo mismo que ser justicieros o superhéroes. Por eso, con Blanca, con Alejandro, queríamos ser periodistas.
Queríamos ser periodistas que callejean la realidad, grabador en mano, letra sensible pero filosa a la hora de la denuncia. Nos habíamos bebido de un trago la “Carta Abierta a la Junta Militar”, de Rodolfo Walsh y se nos había subido al corazón.
Queríamos ser periodistas para cambiar al mundo. No para conquistarlo.
Con Blanca, con Alejandro y con otros más nos encontrábamos en la avenida Corrientes sin cita ni horario previo y tomábamos al café de Liber/Arte por asalto para instalar allí nuestra redacción.
Queríamos ser periodistas para contar historias y no para dormir con cuentos.
Algunos de nosotros tres tal vez lo fuimos, lo somos o lo seguiremos siendo. Para poder comer. Pero los tres, unos antes, otros después, comenzamos a escribir en esta especie de cuaderno avión que son los blogs. Para poder vivir, para seguir viviendo…
Ahora subo de nuevo por la escalera imaginaria y sé que podría ensayar un “Blanca, de la estación Munro a la estación República Argentina” jugando con el nombre de aquella película de Jorge Coscia y Guillermo Saura, “Mirta, de Liniers a Estambul”. Pero prefiero imaginarla a Blanca en tránsito, como la pasajera de Charly García. Pero no en tránsito perpetuo sino imaginarla entre dos estaciones. Ida y vuelta.
