Archive for April, 2009

Apr
24

Solos y solas

Hay personas a las que la soledad las resquebraja. Y hay personas a las que vivir con alguien las agrieta, y entonces crujen y hasta, quizás, se desmoronen.  Lo que fuere, en ambos casos, esas existencias se van transformando en vidas percudidas.

En las mujeres, por ejemplo, las raíces crecidas del pelo teñido se transforman en metáfora del desarraigo. Ese desarraigo del deseo de ser visto, de ser deseado, del ya fue…

La ropa usada hasta el cansancio es, con seguridad, una alarma encendida…

El gesto atrapado en la costumbre; la costumbre atrapada en la arruga; la arruga que es la gramática de la dejadez; la dejadez que es sinónimo del más cagón de los suicidios, ese suicidio sin gas ni balas, sin muerte al contado pero sí a cuentagotas…

Sólo los ojos permanecen ilesos. Porque los ojos no engordan ni se arrugan. Pero sí se ajan. Se abrillantan como telas demasiado usadas.

La lengua tampoco se arruga y engorda. Pero sí puede convertirse en un trapo viejo. Bandera al viento que hiere al vacío.

La lengua del que está solo es la sed y no el desierto.

Apr
15

Chiquito

A Diego
¿No ves,
que ya no somos chiquitos …?
Yo sé que ya no sos tan chiquito
que las horas, los relojes y hasta los almanaques
te apabullan
y que la vida se parece y se te aparece
como una gigante escalera mecánica
de la que no te podés bajar
ni apretar el botón
para que pare
como cuando eras chiquito.
¿No ves,
que este cielo quebró…
y el concierto del aire…
escapó con tu piel …?
Yo sé que no sos tan chiquito
y por eso
de vez en cuando,
más de lo que quisieras, es verdad,
sentís que tu tiempo es
esa rica torta de cumpleaños
de la cual todos quiere un pedacito
hasta yo mismo…
¿No ves,
que ya no somos chiquitos …?
¿No ves,
que ya no estamos solitos …?
Quizás por eso, mi chiquito no tan chiquito
hoy quiero decirte, simplemente, viví
viví a pesar de mi obsesión, a pesar de mi instinto
de sobreprotección
Viví aprendiendo que que vivir es amar
y que amar es cuidar
y que cuidar es proteger
¿No ves,
que la luna nos habla …?
No ves,
que el desierto se abrió…
y una flor desolada…
de su vientre brotó …?
Viví sin sombras
como quien no tiene miedo de encender
los fósforos de la risa
como quien se anima
a payasear en un colectivo lleno
como quien es capaz de todo, pero de todo, por amar.
¿No ves,
que ya no somos chiquitos …?
¿No ves,
que ya no somos solitos …?
¿No ves,
que el desierto nos abre …?
¿No ves,
que el silencio es errante …?
¿No ves,
que este cielo quebró…
y el concierto del aire…
escapó con tu piel …?
Viví hasta llorar de la risa
y llorá todo lo que sea necesario
llorá como baldeándote el alma
limpiá la malaria con el llanto
llorá hasta poder reir
sin herir ni herirte
de ese llanto…
Yo sé que no sos tan chiquito
y comparto estas palabras
porque te quiero tanto, tanto…

 

Las referencias pertenecen a la canción de Luis Alberto Spinetta, ¿No ves que ya no somos chiquitos?>

Apr
13

Felicidad

La felicidad nunca empieza con fe sino que se enciende con un chispazo. Quizás sea por eso que al principio del vivir nos gustan tanto los fuegos artificiales. Pero lo cierto es que la felicidad siempre, siempre comparte esa efe inicial con la de fuego y sólo algunas veces la comparte con la efe de fugaz. Claro, en ningún caso esa efe tiene que ver con la efe de fácil. Y es que la felicidad es trabajo después del chispazo, luego de la fogata, tras el fervor, de inmediato de la fiebre…
 
La felicidad tiene las efes de fundación, de formar , de fértil y es femenina. Fatalmente femenina y por eso, es fortaleza que también, por fuerte, es femenina. Pero, por ser femenina, algunos fabulan que puede ser tan fugaz como fuerte.
 
Y en una de esas, es por esta razón que la felicidad no tiene la efe de fábula ni la de fantasía. Aunque de ésta última esté perdidamente enamorada.
 
La felicidad, para ser tal, y no ser fútil, es famélica de firmeza.
 
La felicidad tiene fama de de fiesta permanente. Pero no. La felicidad no es ja,ja,ja. Es, ante todo, franqueza. Y, francamente, no siempre se siente uno feliz.
 
Eso sí, la efe de felicidad está siempre, siempre en las antípodas de lo fúnebre, de lo funesto, del féretro, del fiambre, del fallecido, del que quedó for fai, del que fue…
 
La felicidad es, nunca fue porque lo que fue, los restos de la felicidad ida tienen el regusto agrio de las cenizas de la nostalgia…
 
La felicidad es la fiesta del instante. El secreto, la clave quizás sea ir a fondo para que ese instante nos haga feliz toda la vida. O lo que nos queda de ella…
Apr
04

Alfonsín

- Dos de muzzarella y un vaso de vino tinto – las piernas que no dan mas de estar parado; la garganta ronca de gritar ese apellido de tres sílabas. Esa palabra aguda con la que se bautizó a un cachito de la historia reciente de la Argentina. Esas ocho letras que muchos convirtieron en sinónimo de la democracia.

Alfonsín murió muy cerca de las pascuas. 22 años desde aquellas pascuas que no fueron felices para los argentinos. 22 años desde que un grupúsculo de verdaderos subversivos volvían a intentar apuntar las armas del pueblo contra el pueblo obedeciendo a intereses personales y no por el bien común. Pero claro, estos datos de almanaque le quedan chico a la memoria. A su memoria.

La memoria de quien supo ser el último caudillo del centenario partido de la clase media argentina como lo es o lo fue la Unión Cívica Radical.

-Por nuestra Argentina. – brindó el hombre con una correligionaria a la que se encontró en una mesa de cuatro de “La Americana”, la pizzería de Callao y Bartolomé Mitre, y a la que le pidió permiso para sentarse.

Ella le vio cara conocida. Quizás de las marchas en favor “del campo” o de algún asado en un comité. No importaba. Lo importante sí es que estaban juntos, en medio de una muchedumbre cuyas voces tomaron por asalto a la vieja casa de empanadas haciendo que los mozos dejaran surcos en el piso llevando y trayendo pedidos.

Afuera, por la avenida, ya había pasado la cureña con el féretro de Raúl Ricardo Alfonsín. Ahora, pasaban, caminando lento, como si fueran un eco de esa presencia, miles de personas que lo acompañan. Cada tanto, un Al-fon-sín Al-fon-sín nacía desde dos o tres o cuatro cuadras a lo lejos y se iba trepando a las gargantas. Entonces, el apellido de ocho letras se adueñaba del aire y la vida parecía dar marcha atrás y volver a aquellos años en que aún no se nos había roto la inocencia.

Mientras, los correligionarios seguían hablando animadamente. Ya tomaron dos copas de vino tinto cada uno y los recuerdos se iban destrabando. La avenida, en tanto, fue quedando desierta. También la pizzería se fue vaciando. Muchos dejaban olvidadas sobre las mesas las banderitas argentinas y las boinas blancas de tela descartable.

Y yo apuesto a que los correligionarios se van a ir juntos. Después de todo, ambos vienen del mismo lado. Y siempre votaron la 3 completa…