De un playmobil, una flor de plástico disfrazada de lluvia y un lápiz chiquitito que dibuja toda la vida
- No puedo dejar de escuchar los aullidos de quienes no llegaron a encontrarse a tiempo en cada una de estas esquinas y ahora andan por ahí, perdidos, esquivando con espanto a la palabra nunca.
La flor de plástico escuchó estas palabras en el momento en que se daba cuenta que ella misma estaba perdida. Miró para arriba siguiendo la dirección de la voz y descubrió a un playmobil que la miraba desde un balcón de humo azul, como de cigarrillo.
- Aullido es una palabra fea- dijo, y de inmediato se sintió tonta por el comentario tan banal.
- Aullido es una palabra dolorosa -le respondió el playmobil- Pero vos estás hermosa con ese disfraz de lluvia.
Y aunque nunca supo porqué, la flor aprendió en ese momento que la lluvia ahuyenta a los aullidos.
- Antes -siguió hablando el playmobil desde el balcón de humo azul- por acá cerca existía un barrio que estaba construido por completo en lluvia. Era de los más antiguos. Pero ahora no existe más. Una pena, porque allí no existían aullidos porque tampoco había desencuentros…
La florcita entonces descubrió que los desencuentros era algo que lo tenía a maltraer a su flamante amigo.
- … había sí en ese barrio de lluvia hermosas mujeres con miradas transparentes que cantaban en un idioma muy viejo.
- Es que la lluvia ahuyenta a los aullidos -se sorprendió diciendo la florcita totalmente convencida de lo que había aprendido.
- ¿Sabés que sos muy extraña? ¿Adónde estás yendo?
- No lo sé. Ahora estoy perdida en el sueño de alguien. Es como un juego de espejos porque yo también se que estoy soñando.
- Quizás seas una mujer de lluvia disfrazada de sueño. Y no al revés…- le dijo el playmobil que para todo esto había bajado y estaba a su lado.
Y casi seguro que fue en ese momento en que la florcita disfrazada de lluvia se paralizó del susto al darse cuenta de que todo lo que había vivido, lo que estaba viviendo y lo que le quedaba por vivir estaba dibujado por un lápiz muy pero muy chiquitito que se estaba terminando…
- Yo lo vi en alguna parte a ese lápiz y ahora sé porqué me están soñando. Tengo que encontrar ese lápiz chiquitito que dibuja toda la vida. Y vos me podés ayudar ya que parecés especialista en encuentros.
- No. Yo intento evitar los desencuentros entre las personas que se aman.
La florcita había empezado a temblar. Tanto que las gotitas de lluvia de su disfraz comenzaron a caerse al suelo y evaporarse.
- Pero no tiembles. Ese lápiz no se termina. Dibuja toda la vida…
Fue entonces que la miró y una lágrima gorda y redonda se asomó en la flor que ya no era lluvia pero sí espejo del playmobil que se veía así por primera vez.
Pero no. El lápiz tan chiquitito como la palabra apenas pero con toda la vida adentro aparecía en el horizonte colgando como un péndulo, como una hamaca, como una puerta vaivén que se abre, se cierra, se abre, se cierra como llamándola a ella, a la florcita que ahora le está por decir chau al playmobil para ir en busca de eselápiz…
Pero es ese mismo lápiz que toma al cielo como una hoja de dibujo y reconstruye allí el barrio de la lluvia, donde no hay desencuentros ni aullidos y sí un lugar para el playmovil, para la florcita y para toda la vida.
